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UFOLOGÍA |  Ufología, 30 años Después | Francisco del Toro




No se trata de la segunda parte de “Los tres mosqueteros”, sino del aniversario de uno de los casos OVNI más espectaculares de la Ufología española y por qué no decirlo, quizás también de la mundial. El 20 de marzo del pasado 2004 se cumplieron 30 años del famoso caso del viajante de comercio sevillano, Adrián Sánchez.

Leyendo en los archivos del recordado ufólogo sevillano, Don Manuel Osuna, la investigación correspondiente al caso que nos ocupa y en los documentos desclasificados del ejercito del aire, hay datos que son desconocidos por la gran mayoría de nosotros y que no se recogen en los diversos libros en los que se han hecho mención a este caso. En este artículo se expondrá el caso basado en las investigaciones realizadas por Osuna, primero en investigar el caso y de cuyos datos “bebieron” otros que lo incluyeron en sus libros.

El hecho tuvo lugar en la provincia de Sevilla, en la carretera Aznalcollar-Castillo de las Guardas, aproximadamente a la altura del Km 5.5, es decir, en el famoso “triángulo” ufológico de la provincia de Sevilla.

Sobre las 11:00 de la mañana, al tomar una curva Adrián, vio caer un gran objeto desde el cielo y creyó que se trataba de un accidente de aviación. Dejando su coche en el arcén, se dirigió a la vaguada donde cayó el “avión” encontrándose con un gran objeto de unos 150-200 mts levitando a unos 4 mts del suelo sin emitir ruido alguno.

Las condiciones meteorológicas eran de una buena visibilidad y un 6/8 de cielo cubierto y fuerte viento.

Adrián observó como tres objetos pequeños se dirigían en vuelo horizontal hacia la parte posterior del gran objeto nodriza. En ese momento, uno de los objetos pequeños cambió de rumbo dirigiéndose al lugar donde se encontraba el testigo.

Mapa de la zona indicando
el lugar del avistamiento
(archivo Osuna-Darnaude)

Esquema de los objetos vistos por Adrián
(Archivo Osuna-Darnaude)

En ese momento, el protagonista de este insólito hecho, se sube a su vehículo y emprende la huida a toda velocidad hacia la localidad del Castillo de las Guardas. Aunque la mencionada localidad se encontrara a más de 26 Km del lugar donde se encontraba, habiendo sido más fácil volver a Aznalcollar, población que distaba 5 Km

Hay que meterse en la piel de Adrián Sánchez y el estado de pánico en el que se encontraba para entender que siguiera en el sentido en el que viajaba, es decir, Aznalcollar-Castillo de las Guardas.

Durante la huida, el objeto volaba unas veces en paralelo, otras delante del vehículo, coincidiendo las apariciones generalmente con las vaguadas existentes a ambos lados de la carretera.

En mitad de tan trepidante huida, Adrián llegó a una finca llamada “El Torilejo”. Tocó repetidamente el claxon, pero no respondió nadie, por lo que continuó su marcha hacia El Castillo.

A 5 Km del Castillo de las Guardas se detuvo en otra finca, “Villa Rosalía” donde pudo ser atendido por Miguel Mayol, propietario de la misma.

Una vez atendido y acompañado por un trabajador de la finca, se dirigió a El Castillo de las Guardas para dar parte del incidente a la Guardia Civil.

En este trayecto Adrián Sánchez llamó la atención de su acompañante sobre la presencia de un ovni, pero resultó ser un caserío.

Una vez denunciado el caso en el cuartel de la guardia civil (y vuelto a tranquilizar del ataque de nervios) solicitó ser acompañado para volver a Sevilla.

Hasta aquí el relato de los hechos basados en la declaración de Adrián Sánchez y tomados del expediente desclasificado por el ejercito del aire.

Ahora pasemos a analizar el caso según las conclusiones de Osuna y de los mencionados documentos del EA.

SEGÚN EL EA (transcripción literal)

1. La aeronave no ha sido observada por ninguna otra persona según las investigaciones de los informadores y las declaraciones recogidas a los comandantes de puesto de la Guardia Civil inmediatos al lugar de aterrizaje.

2. La marcha del automóvil del señor Sánchez fue observada por un cabrero que custodiaba su rebaño junto a la carretera a unos cuatro kilómetros del lugar de aterrizaje y que confirmó el paso del coche a gran velocidad, pero que no observó aeronave alguna en las proximidades.

3. En el lugar no se han observado señales de rodaduras que presumiblemente hubiera dejado una aeronave de gran tonelaje. Se ha comprobado que la distribución de objetos y residuos ligeros es totalmente natural y no se aprecian señales de rotores u otro sistema de sustentación conocido de ascensión o descenso vertical.

4. No hay prueba alguna –excepto la declaración del D. Adrián Sánchez- sobre la presencia de objetos voladores no identificados en el lugar de y momento de autos. D. Adrián Sánchez se ha mantenido firme en sus declaraciones y no se han apreciado en ellas contradicciones o lagunas.

Sobre este punto hay una nota del Teniente General de la por entonces denominada Segunda Región Aérea al Ministro del Aire manifestando su convencimiento de que Adrián Sánchez vio algo, fuera real o alucinación.

Referente al testimonio del pastor y el dato interesante e importantisimo sobre la ausencia de restos en el lugar del presunto aterrizaje hay que leer lo que escribió Osuna al respecto.



¿A QUE CLONCLUSIONES LLEGÓ DON MANUEL OSUNA?.

Las veremos en lo que él tituló como “ Crítica a las posibles huellas” que, para mi modesta opinión, es la parte más importante de este asunto al presuntamente haberse manipulado este dato. Citemos textualmente las palabras del genial ufólogo:

“A la media hora de la ocurrencia, el sargento del puesto de El Castillo, dos guardias, el panadero del pueblo y el testigo del “magno” acontecimiento NO VEN NADA DIGNO DE MENCIÓN EN LA VAGUADA.

A los siete días, mis colaboradores F. y F. Laffite no encuentran nada que señalar.
En cambio, periodistas de la “Gaceta del Norte” encuentran:

A Arbol calcinado.
B Matas chamuscadas
C Agujeros de 20 cm. de diámetro, con galerías laterales.
D 2000 metros cuadrados de juncos secos y aplastados, y todo esto unos 15 días más tarde.”

A titulo personal, quisiera indicar que en el libro donde se recoge este caso (todos sabemos a qué periodista se refiere el señor Osuna, pero ya que él no mencionó el nombre, nosotros tampoco lo haremos), el autor dice ir al lugar de los hechos acompañado por el testigo y descubren una marca correspondiente con el lugar donde se posó el objeto mayor.







Nota del Tte. General
de la Segunda Región Aérea

Al parecer, y siempre según datos del mencionado libro, eso parece desarrollarse al año del avistamiento. ¿ Cómo es que a las dos horas no hay rastro alguno y sí a los 15 días o al año? ¿Por qué mentir?.

Manuel Osuna tiene una explicación para estos “descubrimientos”.
Como él mismo escribió, veamos qué puede sostenerse en pie:

“A La sierra es especialmente ávida de exhalaciones eléctricas durante una tormenta es frecuente hallar árboles víctimas de esta fuerza fulminante.

B Los pastores, en las mañanas heladas, hacen pequeños fuegos que chamuscan el monte bajo circundante.

C Tales agujeros son frecuentes madrigueras de conejos o bocas de túneles de los topos, el que eran tres formando un triángulo puede ser pura coincidencia.

D SOLAMENTE ES CIERTO ESTE EXTREMO, aunque con las siguientes rectificaciones 1.- No son juncos, sino finos junquillos. 2.- Pueden estar secos por la anterior y gran sequía padecida. 3.- No es correcta esa mensuración de superficie. Como puede verse en el plano que incluimos de la vaguada (según el documento, el plano no se incluye en el presente artículo) los junquillos sólo existen en la margen izquierda de la corriente de agua, y solo en forma de macetones aislados. Pues bien…

La nave, a 7 u 8 mts de altura (recordemos que según la versión del testigo en el informe militar era de 4 mts) estuvo sobre la pared derecha de la cubeta natural.

Sin embargo, su fuerza de sustentación pudo inferir sobre los junquillos secos, aplastándolos y peinándolos en sentido perpendicular a la dirección de la corriente de agua que los hubiera peinado en el mismo sentido de su curso. Esto es lo único que hemos hallado al repetir nuestra visita, alarmados por los “descubrimientos” de los reporteros citados.

Pero es disculpable, son gente urbana y no saben nada de rayos “serranos”, conejos, topos, ciscadas, etc.”

Referente a la búsqueda de huellas en el lugar donde se posó el objeto, en los escritos de Manuel Osuna leemos:

“El guardia que se adentró en la vaguada-hangar de emergencia permanece el día en casa con vómitos. El panadero, que dicen haber tomado un tallo de junco a guisa de cigarrillo, cae tambien en cama con fuertes dolores de cabeza.”

Leído esto ¿podemos pensar en un campo electromagnético en la zona?.

Osuna hace unas apreciaciones muy interesantes en cuanto a las dimensiones del objeto, sigamos leyendo parte de su informe, como siempre, trasladado literalmente:

“La nave nodriza se mantenía suspendida a unos 6 ó 7 mts del suelo (recordemos, 4 según la otra versión) y tendría hasta unos 250 mts de longitud, que él (Adrián) recortó a 150-200 mts en sus declaraciones a la prensa.

En nuestra opinión, si la nave estaba situada o encajada en el fondo mismo de la vaguada, y a la altura señalada, era imposible esa longitud, no hubiera cabido.

Pero nos dijo el sargento que la nave se suspendió sobre la ladera derecha de la vaguada, dejando su popa exactamente sobre un rellano o macetilla. Entonces sí, la nave podía tener los metros que se quisiera, si bien don Adrián no podía haberlo apreciado directamente, ya que él mismo nos dijo que no alcanzaba a ver su proa, tapada por la loma izquierda del final de la vaguada.”


Artículo aparecido en la prensa
(Archivo Osuna-Darnaude)

Finalmente, en lo referente al pastor que vio pasar el vehículo pero no observó nada extraño, Osuna opina lo siguiente:

“Un solo pastor ve pasar el auto en huida, pero no ve al objeto persecutor. Conocida la hipótesis del sargento (tal hipótesis es que el testigo “no hacía comedia”, según la experiencia que dan 30 años de servicio en la benemérita) esto no puede extrañar. Tenía que estar el pastor en el punto más bajo de una de las cañadas. Definitivamente, y leídos todos los datos y testimonios, no cabe pensar otra cosa que, efectivamente, Adrián Sánchez fue perseguido por algo en aquella mañana de marzo de 1974.”

Indudablemente, poner en riesgo su vida para montar una historia falsa (lo único que parece ser falso son las huellas encontradas en el lugar) y estar a pique de matarse en una curva no creo que sea muy factible. Sobre todo teniendo en cuenta los testimonios del cabrero que vio pasar el vehículo a toda velocidad y del sargento de la Guardia Civil, que tras examinar la carretera, vio restos de frenadas y derrapes en las curvas.

Ya para terminar, quisiera que este artículo, y la serie que le seguirá basados en sus archivos, sirviera como homenaje a la memoria del que se podría calificar como “Padre de la ufología sevillana”: Don Manuel Osuna.


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